Cuando buscas una lámpara para tu casa o negocio, probablemente te has fijado en los watts (W), esa cifra que aparece en los focos y que muchas personas asocian con la potencia o brillo de la lámpara. Sin embargo, con la evolución de la tecnología de iluminación, este concepto ha cambiado y es fundamental entenderlo para elegir correctamente.
Los watts (W) miden cuánta energía consume una fuente de luz, no cuánta luz emite. Es decir, indica cuánto le cuesta a tu recibo de luz mantener esa lámpara encendida.
¿Qué mide entonces la cantidad de luz?
La verdadera medida del brillo de una lámpara es el lumen (lm). Esta unidad indica cuánta luz visible emite la fuente. Por lo tanto:
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Más lúmenes = más luz
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Más watts = más consumo
Al elegir una lámpara, es mucho más útil fijarse en los lúmenes que en los watts para asegurarte de que la iluminación sea suficiente para tus necesidades.
¿Por qué es importante esta información?
Muchas personas aún se guían por los watts cuando compran lámparas, lo que puede llevar a elegir productos inadecuados o pagar más por un consumo energético elevado sin mejorar la iluminación. Entender que el wattaje indica consumo y no brillo permite hacer una compra más inteligente y eficiente.
La próxima vez que vayas a comprar una lámpara, no te fijes solo en los watts. Recuerda que los watts indican cuánta energía consume la lámpara, no cuánta luz emite. Fíjate en los lúmenes para elegir la iluminación ideal, y así ahorrar energía sin sacrificar brillo.